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Entre los países que han entrado a formar parte de la Unión Europea, Polonia es el que posee el sector agrícola más importante. Por tanto, ha representado el mayor desafío para la política agrícola comunitaria. La transición a la nueva fase que la ha llevado a formar parte de la Unión Europea ha supuesto que el sector agrícola experimente una leve pérdida en favor de la industria, pero, sobre todo, del sector servicios. A pesar de ello, actualmente la agricultura polaca se está reinventando y se prepara para afrontar el desafío de los productos biológicos presentándose como pionera en Europa de este nuevo objetivo del mercado agrícola.
El desembarco en Europa Entre los estados protagonistas de la última ampliación, Polonia es el que posee el sector agrícola más importante. La mitad de su población se dedica al sector primario y, con más de 2.9 millones de empresas operantes, el estado polaco representa una tercera parte de toda la tierra cultivada de los países PECO. Polonia posee aproximadamente 16.2 millones de hectáreas de terreno cultivable, pero, a pesar de estas características envidiables, la agricultura tiene una repercusión de sólo un 3% en el PIB polaco. Los sistemas agrícolas están anticuados y son ineficientes, las pequeñas y medianas empresas, y la enorme mayoría privada, dominan el sector. Los cultivos principales son patatas, cereales, remolacha azucarera, lino, lúpulo y tabaco.
En 2004, a la vez que el país se adhería la Unión Europea, se produjo en el sector un cambio de tendencia provocado por un fuerte incremento en la producción de cereales (26.7 %). La producción agrícola total creció un 7.6%, con una producción superior al 16.8%. El precio de los productos agrícolas creció un 11% de media, mientras que los precios de los bienes de consumo y del sector servicios crecieron sólo un 8.6%, con el resultado de que, tras tres años de inactividad, el aumento del diferencial de precio junto a las ayudas a fondo perdido de la UE contribuyeron a un aumento de los beneficios en el sector agrícola y agroalimentario. Por primera vez desde mediados de los años 90, los agricultores se han podido beneficiar de una renta algo más amplia.
Este cambio parece ser una de las consecuencias más directas de la integración en Europa. Polonia no sólo ha confiado en las expectativas de la preadhesión, sino que las ha superado gracias a que ha aprovechado eficientemente los fondos SAPARD (Programa Especial de Adhesión para el Desarrollo Agrícola y Rural), un plan que la Unión diseñó para facilitar la transición de los nuevos miembros. Además, la Comisión Europea aprobó un programa para el desarrollo del sector agroalimentario, llevado a cabo entre 2004 y 2006, que preveía apoyar la promoción del desarrollo sostenible de las áreas rurales y a la facilitación de intervenciones de carácter técnico.
El 94.8% del área agrícola utilizada en Polonia está controlada por la iniciativa privada. El porcentaje restante está en manos del Estado. Como hemos dicho, los terrenos están repartidos entre numerosas pequeñas empresas, a menudo de gestión familiar y de subsistencia. En Polonia aún se produce mucho para consumo propio y se hace uso de medios anticuados, de modo que los terrenos no se explotan eficientemente. La media de productividad de éstos es más baja que la que registraban los 15 países UE antes del uno de mayo de 2004, tanto por la calidad del suelo como por la escasa utilización de fertilizantes químicos y métodos modernos de gestión. En total, cerca del 70% de los terrenos cultivables se utilizan con esa finalidad. En relación con este porcentaje, el 20.4 % de los agricultores produce para consumo propio mientras que el 79.6% explota los terrenos con fines comerciales. El ingreso en la Unión Europea ha aportado distintos beneficios. El mercado es claramente más estable, gracias a la puesta en marcha de la Política Agrícola Común, los precios de los productos agrícolas han aumentado, como también las ayudas de la UE, que han favorecido la aceleración de la transformación de la economía. Gracias a su amplia superficie cultivable, al elevado número de consumidores, a los bajos costes de producción y al aumento de las exportaciones, el sector agrícola polaco actualmente presenta excelentes posibilidades de desarrollo. La opción agrícola biológica La agricultura es la principal fuente de ingresos para casi la mitad de la población polaca. Puesto que tiene carácter local, no repercute negativamente con costes de transportes y su impacto ambiental es mínimo, pues no prevé el uso de estimulantes ni conservantes. Desde hace generaciones, la población vive en el campo y siempre ha tenido acceso a los productos agrícolas a bajo coste o incluso gratuitamente. Además, el ambiente de la comarca provee productos naturales como champiñones y una amplia variedad de hortalizas comestibles.
El verdadero problema de la agricultura polaca, que el Gobierno no toma en consideración, es el cambio climático. Actualmente, Polonia es uno de los países europeos más faltos de agua, debido a las grandes sequías que la han azotado durante las décadas pasadas. Una de las perspectivas que se contemplan para recuperar el sector primario polaco es la agricultura biológica. Actualmente en Polonia existen cerca de 200 empresas ecológicas que se encargan de cultivar las plantas y criar el ganado en lugares no contaminados, sin recurrir a los productos químicos (aceptados solamente en las vacunaciones obligatorias), y de que los productos alimenticios estén libres de OGM y que la calidad de éstos sea probada por una entidad independiente al proceso de producción. El verdadero problema de estas empresas es que tienen una escasa influencia en la política económica estatal.
Con todo, la situación està mejorando lentamente. Desde hace algunos años, el Ministerio de Agricultura financia estas empresas, no sólo para crearlas sino también para administrarlas. Hace poco que se aprobó una ley para la explotación ecológica de los terrenos. Si Polonia optase por reconvertir totalmente su agricultura de carácter tradicional en biológica, podría causar una desestabilización de los mercados agrarios de algunos de los países de la UE, pues podría convertirse en uno de los principales productores de comestibles baratos y saludables. Sin embargo, no es éste el objetivo de la política polaca. La mayor parte de los campesinos polacos ya produce alimentos en condiciones ecológicas; sin embargo, no poseen ni certificados ni análisis de las condiciones del terreno y, sobre todo, desconocen las posibilidades que les ofrece este tipo de cultivos.
Para muchos, trabajar en el sector ecológico supondría la alternativa al desempleo. Un entorno más salubre y un número elevado de empresas ecológicas de gestión familiar ofrecerían a Polonia la posibilidad de desarrollo también para un “agri-turismo” que posteriormente podría representar una fuente de ingresos para los agricultores polacos.
El comercio exterior y el euroescepticismo El comercio exterior polaco ha presentado en los últimos años una tendencia muy positiva. Poco a poco, se está alcanzando el nivel de la balanza comercial, aunque el saldo todavía sigue siendo negativo. La Unión Europea se presenta como el socio privilegiado con el 77,2% de las exportaciones y el 65.6% de las importaciones que emite y recibe la UE. Pero dentro de la Unión debemos diferenciar varios aspectos; por un lado, para los países que no han adaptado el euro el saldo del cambio es positivo, pero no podemos decir lo mismo de los países de la zona Euro.
El sector agrícola es el que aporta un saldo más positivo a la balanza comercial gracias a los fondos destinados para su modernización, con el objetivo último de que la agricultura polaca pueda convertirse en una de las más competitivas en ámbito europeo. Sin embargo, los agricultores polacos consideran insuficientes dichos fondos y por ello alimentan el euroescepticismo considerando que la distribución de éstas y otras ayudas, tal y como aparece prevista en los planes de la UE, les perjudica. Y ello a pesar de que para el periodo 2007-2013 la UE ha previsto para Polonia 67.000 millones de euros, una suma que convertiría al país en el principal beneficiario de los fondos europeos, que serán invertidos durante los próximos años para la mejora del sector agrícola, el desarrollo de las infraestructuras y del sector turístico, con el fin de preparar el país para los campeonatos europeos de fútbol de 2012.
Mediante un análisis aparentemente superficial, podríamos afirmar, sin necesidad de alejarnos de la realidad, que, a pesar de la mejoría de las condiciones materiales de los ciudadanos, crece el descontento. Desafortunadamente, la realidad es distinta. No todos se benefician de las ventajas derivadas de la economía de mercado y del crecimiento económico, y el escepticismo hacia Europa está aumentando precisamente en estos sectores de la población que no tienen acceso a las ventajas del ingreso en la Unión Europea. Conclusiones A diferencia de lo que ocurre en los demás sectores, el secundario y el terciario sufren una notable expansión y aumento de su productividad. Dicho aumento también lo han experimentado los empleados, la agricultura, y, además, el sector primario en general se está reestructurando significativamente.
Muchos empleados se están orientando hacia el sector terciario, pues actualmente hay un gran interés por éste. En los países del Este, las nuevas generaciones suelen buscar trabajo en este sector más que en los tradicionales. Las numerosas industrias presentes en el territorio, de pequeñas dimensiones y dedicadas al consumo propio, con el fin de resistir la competencia de las rivales europeas, se verán obligadas a fundirse o cerrar para evitar la quiebra.
A pesar de la situación actual, el sector primario es el motor de la economía polaca. Por otro lado, desde el 2004, no existe mercado europeo que no ofrezca productos agrícolas polacos.
Traducción de Paula Caballero Sánchez Fuente: http://www.equilibri.net
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