|
En los casi 18 años que lleva impartiendo cursos sobre ciencias agrícolas y recursos naturales, la universidad privada Earth ha apostado por un modelo educativo con el que busca convertir a los estudiantes en agentes de cambio, donde más que las notas importa su sensibilidad social, medioambiental y ética.
Fig. Raúl botero, profesor de la universidad earth
Desde que echó a andar, en 1990, este centro pionero en su género ha apostado por ofrecer un tipo de enseñanza diferente a la que ofrecen las universidades tradicionales, que 'están formando profesionales para un mundo que ya pasó'. 'La Universidad debería formar ciudadanos responsables, no sólo profesionales que sean excelentes físicos, excelentes matemáticos, excelentes ingenieros, sino un profesional integral', aseguró a la AFP el rector, el costarricense José Zaglul. Por eso, en la selección de los estudiantes, más importante que las notas, es el 'comportamiento ético, las dotes de liderazgo, su preocupación social y ambiental y su compromiso de volver a sus países de origen para transformarlos', agregó. 'Desde el inicio, estamos buscando a un ser humano que va a la Universidad no sólo pensando en su propio bienestar, lo que no tiene nada malo, sino también pensando en el de los demás. Eso nos pone en una cancha diferente', sostuvo Zaglul. Al dejar de lado las notas, en la selección entran estudiantes de todos los orígentes socioeconómicos, incluidos aquellos de las áreas rurales y de escuelas públicas que a menudo quedan excluidos de los centros superiores tradicionales de enseñanza, cuyo ingreso se basa en el expediente académico. Originarios de casi toda América Latina -menos Uruguay y Chile- y varios países de África, sólo el 16% de los 410 estudiantes de la Earth pagan la matrícula íntegra, la mitad de los 26.000 dólares (unos 17.000 euros) que anualmente cuesta formar a un joven en este centro. El 54% estudia con una beca completa por los cuatro años de formación y el 30% recibe una beca parcial. La enseñanza en esta Universidad, con un campus impoluto y cuidado, es 'experimental y participacipativa'. 'Aprendemos más en los pasillos, de las experiencias de la gente, que en la aulas', dice la dominicana Patricia Cordero, que entró a los 16 años, convirtiéndose en una de las alumnas más jóvenes. La Universidad fomenta el espíritu empresarial de los jóvenes, para lo que les concede créditos de hasta 3.000 dólares (unos 1.975 euros), que tendrán que devolver, para que, reunidos en grupos, creen sus empresas. Además de recibir cursos de filosofía y ética, y capacitar a la comunidad que les rodea, los estudiantes, machete en mano, realizan todas las actividades del campo, cuidan y mejoran la cabaña ganadera -las vacas se ordeñan con música clásica para evitar el estrés-, los cerdos se crían con forraje, fruta y desechos del comedor en régimen de libertad. Con los excrementos de los animales producen energía en los biodigestores, depuran hasta en el 98% el agua resultante de estos, y con el resto de los excrementos sólidos, ayudados por lombrices, producen abono orgánico. Hacen papel con las hojas del banano... 'Aquí no se bota (tira) nada, todo sirve', dice el profesor colombiano Raúl Botero, fundador de los biodigestores. El cultivo del banano bio en una región propicia para esta fruta ha convertido a la Earth en empresaria. El pasado año, la universidad vendió 600.000 cajas de este fruto a Estados Unidos, y en muchos supermercados de San José es frecuente ver los yogures y otros productos lácteos con su sello. Fuente: http://actualidad.terra.es |